14 de agosto de 2019

¿Y si no podemos cambiar el mundo?


Entre los llamados a cambiar el mundo que pueblan la atmósfera de estos tiempos, yo te pregunto: Si el cambio del mundo dependiese de ti, ¿tendría lugar? Si fuese necesario un ejemplo, ¿serías tú? Si todo el mundo cambiase de la noche a la mañana, ¿estaría hecha tu parte, o tendríamos que esperar?

Cambiar el mundo, así de buenas a primeras, es una idea pretenciosa e infantil. Ocúpate de tus asuntos. Si de verdad quieres cambiar algo, ocúpate de lo que está a tu alcance, no diluyas la responsabilidad en los demás, cambia tu mundo, cambia como tú vives.

Si nada cambia con tu cambio, ¿ya no quieres cambiar? Si tú cambio no cambia el mundo ¿ya no lo quieres?, ¿ya no lo asumes? Entonces es que realmente no quieres cambiar, no quieres hacerte responsable de tu vida, que es lo único que puedes hacer, y es lo único que, en todo caso, puedes aportar al mundo. Si nada cambiase con tu cambio, ¿quieres cambiar? Entonces puede suceder un cambio genuino. Cuando tú te transformas porque necesitas transformarte, porque es imperativo para ti, no por lo que vayas a conseguir o impactar ahí fuera, sino porque tú quieres cambiar, y punto. Porque por fin asumes que el problema no es el mundo, que no es que el mundo está mal, sino que tú estás mal en el mundo.

Si nada cambia con tu cambio, ¿quieres cambiar? ¿Quieres hacerte la vida más fácil, encontrar algún modo de estar bien, tranquilo, en paz, mientras el mundo sigue siendo como es? ¿O prefieres seguir culpando al mundo de cómo tú vives en él mientras te rebozas en el mismo sufrimiento una y otra vez?

Olvídate de cambiar el mundo, de querer ser un superhéroe, porque ya ves, a la hora de la verdad, no sólo no cambias el mundo, sino que no cambia absolutamente nada.


Soñar con lo que harías si pudieses es poner excusas para no hacer lo que puedes.


Si nada cambia con tu cambio, ¿quieres cambiar? Si el mundo no se vuelve mejor con tu bondad, ¿quieres ser bueno? Si ser honesto no acaba con las mentiras del mundo, ¿estás dispuesto a serlo? Si no se acaba la violencia en la Tierra gracias a tu sensibilidad, ¿estás dispuesto a ser sensible? Si la gente sigue atrapada en su infelicidad, ¿estás dispuesto a ser feliz? Si no terminan las guerras, ¿estás dispuesto a vivir en paz? Esa es la "batalla", ese es el reto, no es pequeño, claro, pero deja de esconderte en ello y hacerte pequeño tú.  Deja de usar el mundo como excusa. Si estás mal, no necesitas pretextos para justificarlo, necesitas el modo de transformar lo que te aflige. Si tu casa está ardiendo irremediablemente, no es lo más recomendable ponerte a buscar culpables o a llorar por lo que se quema, más te vale buscar la puerta y salir tú.

Apelo a ese coraje, ese coraje del espíritu, no un coraje que se transforme en violencia para culpar a otros y seguir todos hundiéndonos en el mismo barco, un coraje que busca la excelencia porque se inspira en su corazón, porque quiere hacer las cosas bien aunque nadie más lo haga. Las cosas bien no según la moral o las normas sociales, las cosas bien según el propio espíritu lo dicta, sin entrar en religiosidades ni historias, ni siquiera espiritualidad. Eso que arde en ti y que quiere quemar el mundo, úsalo para quemar ese odio al mundo y la irresponsabilidad de seguir quejándote sin cambiar nada. Sin cambiar nada en ti, repito, donde únicamente puede cambiar. Un coraje que sale del espíritu vivo, que siembra amor y belleza por donde pasa, aunque nunca germine nada, simplemente porque lo tiene y le sobra, porque se ha ocupado de florecer su jardín y, sin querer, sus semillas se desperdigan y el aroma de sus flores vuela en el aire que respiramos todos. Eso puede ser una inspiración, o no, ese no es tu cometido. Ocúpate de ti.

Te repito por enésima vez: si nada cambia con tu cambio, ¿quieres cambiar?

Si nadie más sigue tu ejemplo, porque tampoco nadie tiene por qué, porque solo tú eres tú, ¿estás dispuesto a eso, a ser tú? No el tú qué crees que eres, no ese que se refugia en el "yo soy así" o mejor aún, más chistoso, "el mundo me ha hecho así", no, no el tú qué se refugia en excusas para seguir odiándose a sí mismo, poniendo al mundo como excusa para no florecer, poniendo al mundo como excusa para seguir volcando en él lo mismo que en él percibe, para seguir odiando en un mundo que odia, para seguir mintiendo en un mundo mentiroso, para seguir haciendo daño en un mundo violento. ¿O acaso estás tú aportando algo diferente a lo que ves? En ese caso no estarás quejándote, estarás ocupado en aquello de lo que te tienes que ocupar.

Apelo a ese coraje, el coraje de estar vivo y estar dispuesto a ser en plenitud lo que eres, y dejar de encogerte en pretextos, porque eso es lo que haces. "Es que yo soy así" es una traición a ti mismo, nadie te ha traicionado, nadie te ha hecho así, ni tus padres, ni tus abuelos, ni la cultura, ni tus traumas... Que sí, todo eso puede haber sido muy duro, pero mira la evidencia, estás aquí, no es más duro que tú. Nadie te hace así, tú te haces así a cada segundo, dando cuerda a todas esas cosas, a esa vieja y haraposa versión de ti, dando la espalda a la oportunidad, siempre disponible, de erguirte y ser quien eres de una bendita vez.



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5 de julio de 2019

La acción correcta


Si no soy capaz de ejecutar la acción perfecta, es porque no es la perfecta para este momento.

No hay acción correcta con el sentir desconectado. La acción correcta no es producto de una conclusión, es producto del instante, surge de él.

La acción correcta no se alcanza por análisis de la experiencia previa, nace en la experiencia viva de este momento.

Tratar de acertar en la acción a través del razonamiento es dar palos al aire que siempre, antes o después, acaban en tu espalda. La acción analizada busca un resultado que nunca alcanza, el resultado siempre es que te llevas el palo que diste. Así te das cuenta de que esa no era, no sólo de que esa no era la acción, sino que ese no era el modo de actuar. Te lleva a darte cuenta de que el modo de actuar, el tratar de elegir la acción, es lo que te lleva al error.

La acción correcta no se elige, simplemente aparece. A la personalidad le da miedo, porque lo que aparece siempre está fuera de los parámetros conocidos, siempre está fuera de análisis y conclusiones, está completamente fuera del rango que la razón puede alcanzar, ya que esta siempre baraja lo que fue para encontrar una respuesta a lo que es. Lo que es ya está siendo, tratar de frenarlo para sustituirlo por otra cosa más "adecuada" es el problema, tratar de acotarlo, tratar de encauzarlo. Tratar de encontrar fuera algo que ya está naciendo en tu interior. Las necesidades que ves en el contexto en el que pretendes actuar en base a tus razonamientos no son las necesidades reales, lo que se necesita ya está naciendo en el instante para autosatisfacerse.

No se puede responder a la vida con lo que está muerto. Es más, nada requiere tu respuesta, nada requiere tu acción. Quizás sí, quizás no. La seguridad está en el sentir, en el momento en sí mismo, la conexión con lo que está siendo es la que revela lo que está siendo. Simple y evidente. Si uno está alerta simplemente lo permite, y la acción ocurre, o no ocurre, lo que sí ocurre es que todo está en su sitio, todo está bien, porque uno no lo interrumpió con sus distorsiones.


La acción correcta es la que ya está sucediendo.


Ya es, ya discurre, ya late así, puedes montarte las parafernalias que quieras en la cabeza, autoconvencerte de que tú puedes encontrar una solución mejor, todo lo que tú quieras, pero en ese caso ya sabes que el palo ya viene de camino, y la conclusión más excelente no lo va a detener. Y menos mal. ¡Menos mal!

La brújula es el sentir. La única forma de no equivocarse es permanecer sensible ante lo que se manifiesta, y así ser simplemente el permiso para que lo que es sea. Permanecer sensible ante las desviaciones, ante los falsos impulsos que nos llevan a darnos un golpe más. Evitar equivocarse ya no por el mérito, sino porque es un auténtico fracaso estar desconectado de la propia naturaleza de las cosas. Eso es estar muerto. Evitar equivocarse por la evidencia misma de la propia impotencia, por la sensibilidad cruda y sanadora de saberse un estorbo.

Descansa. Deja que todo sea lo que es. Paradójicamente, es tu responsabilidad.

No depende de ti lo que es, pero depende de ti dejar de pretender que sea otra cosa, dejar de convertirte en obstáculo.

La paz que tratas de establecer es la paz que ya eres.





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27 de junio de 2019

Sé tú la tierra para la semilla que siembras


Una gran consciencia implica una gran responsabilidad. Una percepción mayor no es una lección que explicar a otros, sino que aplicarse a uno mismo. No se enseña a través de la palabra, sino a través del ejemplo. Esto no implica necesariamente callar, pero sí implica desentrañar en uno mismo el mismo mensaje que se comparte con los demás. Enseñar con el ejemplo tampoco quiere decir que tenga que parecer que cumples lo que dices o que tengas que demostrar que lo has integrado. ¿A quién se lo demostrarías? Se trata de que te lo apliques, y punto. Que el mundo te examine y considere que pasas el examen y que no, sucederá, con ambos resultados a la vez. Lo importante es que no olvides examinarte tú, ante tu nueva consciencia y ante ese mismo examen que aparece ante tus ojos. Tú contigo, eso es todo, porque todo habla de ti, y tú lo sabes.

Si el mensaje pasa por ti, no es para que pasen las palabras rumbo hacia otros oídos, es para que tú seas el primero (y quizás el último) que las encarne. Los mensajes que emites son, primero que nada, para ti. Trágate tus palabras a la vez que las emites, nada que pase por ti te es ajeno. Trágate el mensaje y descubre qué parte de ti alimenta. Eso mismo era lo que en el mundo estaba hambriento.

Ser un canal no es ser un canal horizontal, de mí hacia otro, es ser un canal vertical, de mí hacia mí, asumiendo que no hay otro, asumiendo al otro en mí. El otro soy yo, eso que percibo que falta en el otro, falta en el mundo que yo percibo, falta en mí. De mí para mí, siempre. Así, realmente, puede llegar al mundo, al mundo que soy.


Yo soy el terreno en el que siembro, así me responsabilizo de la cosecha.


Mi voz, que en ti resuena, no viene de fuera de ti. Eso que de mí recibes, cógelo, sabiendo que viene de ti. Y si despierta con ello una verdad más amplia, por favor, dale abrigo, dale agua, déjale florecer en ti. No pases el mensaje sin haberlo integrado, no compartas la frase porque suena bonita, hazlo también, además, pero no sólo. No dejes partir el mensaje sin recibirlo tú. Porque entonces estaremos solamente jugando con palabras, soñando que somos felices, pero sólo soñando, porque no soportamos una realidad que no nos comprometemos con transformar en nosotros mismos.

Comparte, si de ti nace, pero no como un modo de pasar la responsabilidad, sino tomándola. No esperes el cambio en el mundo, no pases mensajes, frases, creyendo que entre todos sumamos algo, no sumamos nada si no enterramos la semilla cada uno en su propia tierra.

Esto no menosprecia a los mensajeros que se creen portadores de un aviso para los demás, para cambiar el mundo, porque todos pasamos por ahí en un momento u otro, y a la vez, siempre habrá alguien que lo coja y lo integre en vertical, que lo siembre de verdad en el mundo, al convertirse él mismo en tierra para esa semilla. El que esparce el mensaje sin tomarlo es el viento que lleva la semilla al campo donde podrá germinar, así que nada está fuera de lugar.

Para ti, que sientes el llamado, es el mensaje, a ti, en quien estas palabras escarvan, justo allí donde lo necesitabas, te pido que, esta vez, no lo dejes pasar. Por supuesto que puedes esperar otra primavera, pero también sabes lo que eso conlleva. Quizás posponer de nuevo es demasiado.







Gracias si lo tomas. 
Gracias si lo haces volar.



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8 de junio de 2019

Nada me es ajeno


"Nada de lo humano me es ajeno." escribió Publio Terencio. Y nos dejó sin escapatoria. 👀

No todo lo he vivido personalmente en la misma forma que se manifiesta en otros (no me daría tiempo a tanto en una sola vida) pero todo lo albergo en mi esencia humana. Nada que un humano haya vivido me es totalmente desconocido, como humana que soy.
Cuando alguien nombra una situación, un conflicto, puedo decir que no va conmigo, pero también puedo abrir la puerta y acercarme a ver qué de eso hay en mí. No necesariamente en mí como persona, que también puede ser, sino en mí como conciencia, como conciencia humana. Si miro como conciencia, eso me garantiza que algo voy a encontrar.

Contemplar una idea no implica sostenerla, no implica estar de acuerdo, no implica estar atrapado en ella, ni siquiera implica estarla infiriendo de una experiencia que tenga algo que ver. Contemplar una experiencia no significa estarla viviendo, sino que hay apertura a vivirla, que no hay miedo a ello, o, quizás más bien, que se está dispuesto a atravesarlo. Que se está dispuesto a ver, sea lo que sea, como parte de una unidad que nos incluye. Mirar, no desde la barrera, no desde la orilla, sino profundizar en el abismo inexplorado.

Las diferencias entre la experiencia de un humano y otro son más bien de grado que de cualidad. Por una mente cruza la idea de matar a alguien pero se queda sólo en una idea, por otra mente cruza la misma idea y se transforma en un grito, en otra mente dará lugar a una agresión física, y en otra el homicidio, o asesinato, se consumará. Parece que existe una gran diferencia entre unas situaciones y otras, y en la experiencia la hay, por supuesto, pero el germen, el origen de todas es el mismo. En ese campo común, en ese caldo de cultivo, es donde hallamos la puerta hacia la inclusión de esas realidades que aparentemente nos son desconocidas, que muchas veces nos parecen incomprensibles.

A veces nos parece, también, que por estar viviendo una polaridad ya no tenemos nada que ver con la otra. Recuperando el ejemplo anterior, nos parecerá que nosotros no tenemos nada que ver con la violencia, con ideas criminales, y mucho menos con acciones de ese tipo, en especial si en nuestro desarrollo particular hemos desempeñado más bien el papel de víctimas, o si tenemos una identidad muy vinculada a "ser civilizado". Al que ha interpretado al agresor, en cambio, le resultará extraña y lejana la debilidad de la víctima. Pero, igualmente, si miramos más allá de lo aparente, encontraremos esa parte de nosotros, ese rincón, por minúsculo que sea, donde habita lo que, en el nivel de consciencia cotidiana, nos parece imposible que pueda existir en nuestro interior.


Todo lo que existe vive, patente o latente, en nuestra psiquis.


Por eso podemos hablar de lo que nunca hemos vivido, y acompañarnos, quizás, en la vivencia, de igual a igual, porque si miramos en el fondo siempre encontraremos algo parecido. No la misma situación, nunca, no la misma forma de vivirlo, jamás. Pero seamos realistas, esto tampoco sucede en las situaciones en las que decimos "yo he pasado por lo mismo". Nunca es lo mismo, cada uno lo vive en su propio universo y eso ya lo vuelve totalmente diferente. Pero más a fondo, más hacia lo esencial, más allá de las formas, encontramos unos mismos sentimientos que cada uno ha vivido de las formas más diversas. Ahí es donde puedo encontrarme con tu dolor a través del mío, con tu alegría, con tu sorpresa, con tu impulso agresivo, con tus ideas de suicidio... Incluso con tu "ah no, yo eso no, yo eso no lo he vivido nunca". Quizás no, quizás no como experiencia personal, quizás no bajo esa característica concreta, pero si rebuscas un poco lo encontrarás, en la experiencia más insospechada, en la que parecía no tener nada que ver.

Que una persona se atreva a mirar, por ejemplo, las ideas asesinas que cruzan su cabeza, no quiere decir que se esté comportando como un asesino o que se vaya a convertir en uno. Más bien al contrario, es el que más teme mirar sus ideas el que es más probable que las lleve a cabo, que sea arrastrado por ellas. 

Dejemos un poco de espacio para esos temas no contemplados, dejémonos más espacio a nosotros mismos y a los demás, sin sacar al instante el puñal del juicio. Es valiente el que se atrave a explorar en su propia carne el conflicto humano, sea cual sea. No le pongamos al que mira la oscuridad la etiqueta de "ser oscuro", de inconsciente. No demos por hecho que porque explora el error está atrapado en él. El que se adentra en la cueva lleva luz a través de su mirada, ¡por dios!

Los humanos tenemos una extraña tendencia a "hacer fotos mentales" de todo, incluyendo a los personajes que tenemos en frente. Encasillamos a las personas según nuestro enfoque, a veces con muy pocos datos, a veces con solo una imagen. Lo hacemos con parámetros muy simples y generalizadores. Les adjudicamos el hueco que tenemos en nuestro esquema, porque si les dejamos el hueco que necesitan nos salta toda la teoría por los aires. Y "eso no, yo eso no, que yo soy muy ordenado", "Ah, no, eso yo no, que estoy iluminado". 😁

Y ojo, que no es una crítica, aunque bueno, también tendré que aceptar si me metes en ese cajón con este texto, y no podré decirte tampoco que "yo no lo haría".

Gracias por leerme, y gracias por entenderlo como lo hayas entendido. Al fin y al cabo, ya ves, te entiendo. Recordándome de nuevo tener los ojos bien abiertos, para no convertirte también en foto.

Antes de atravesar el prisma, somos la misma luz, la misma oscuridad. Eso que no tiene nombre, que se expresa en ambas, aquí.



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8 de abril de 2019

Naufragios literarios


Me gustan los textos que tienen grietas. Palabras que parecen barcas, pero no lo son. Océanos en los que uno parece estar remando en la superficie y de repente se ve, sin saber cómo, en el agua, e irremediablemente atraído por el silencio de las profundidades abisales. Escritos que no son horizontales, que no son caminos, son esferas, no son historias lineales, opciones únicas, versión cerrada, sino caleidoscopio, infinitas posibilidades. Libros que uno no necesita continuar leyendo, que puede tragárselos enteros en una frase, en una palabra, o, quizá, más bien, ser engullido por ellos. O que (en tal miseria no caigamos) uno puede cruzar enteros sin haberlos descubierto nunca, recorriendo con celeridad la superficie sin cruzar nunca ese filo, sin acceder nunca al auténtico viaje.

Qué misterio. No sé si serán los textos, o la forma de leerlos, o el alquímico encuentro de ambos.

Uno ya sabe, cuando bullen estas palabras, que en algún lugar y tiempo, alguien que todavía no las conoce ya las ha bebido. Y uno ya sabe, cuando las bebe, que se está disolviendo en el mismo mar que las pronuncia.

Miradas al mundo que destruyen el mundo. 
Palabras que explotan en el silencio. 
Océano encontrándose a sí mismo 
para volver a tragarse en colosal naufragio. 
Olas que diluyen la roca, beso a beso, 
olas que arrancan la roca y se la tragan.




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31 de marzo de 2019

Mensaje para un mensajero

Basura es lo que escribes cuando pretendes decir. Las palabras verdaderas fluyen a borbotones como un volcán irrefrenable, tú sigues a las letras mientras ardes con ellas. Tú no mandas, tú no dictas, tú copias el dictado. Si no, calla.

De tanto querer decir, no tienes palabras. Decir por decir, y luego buscar el qué. Tú solo pones el tapón. Las palabras tienen un sentido antes de aparecer. No buscas algo que decir para hablar. Tienes algo que decir, entonces hablas. Mientras, ahoga tus impulsos en el silencio, son falsos.

Tú no sabes qué decir. Un mensajero porta un mensaje, no lo emite. No quieras usurpar otras funciones, no aspires a más, porque tu función no es menos. Pero tú no mandas. Asume. Ríndete. Sé humilde. Ni siquiera el mundo que has fabricado sigue tus reglas.

Barajando palabras jamás te acercarás a los mensajes que espontáneamente lanza el silencio.





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