Jesús el Cristo o Jesús el mito.


El que idolatra a Jesús no puede conocerlo. 

El que le venera como a un maestro, como a un ser superior, inalcanzable, no puede verlo.

El que se maravilla en la cáscara de sus prodigios no puede saborear el fruto del milagro.

El que mira a Jesús como a un otro no puede atravesar el brillo de su halo. 

Quien se queda con los datos de su historia no puede comprender sus palabras. 

Jesús dijo que el reino de los cielos ya se extendía sobre la faz de la tierra, pero los humanos siguen mirando arriba esperando que el reino llegue, o esperando que Jesús descienda de nuevo. Alaban la imagen, la historia, pero no han comprendido el mensaje.

"Tu fe te ha sanado" pronunció Jesús, pero aquellos que le seguían creyeron que él era el sanador. Así comenzó el mito. 

Un mito que es velo y es vehículo. 

Velo para aquellos que no pueden verse a sí mismos al quedar cegados por la luz de su ídolo, pero que le llevan siempre consigo y predican sus palabras sin comprenderlas, siendo así vehículo de ellas para aquellos que en todos los tiempos tuvieron la oportunidad de comprenderlas y reflejarse en ellas.

De esta forma ha llegado su legado a través de los que no le comprendieron a aquellos que le pueden comprender.

Jesús puede ser un cuento o puedes ser tú.

Tú puedes ser un mito o puedes ser el Cristo.






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