8 de junio de 2019

Nada me es ajeno


"Nada de lo humano me es ajeno." escribió Publio Terencio. Y nos dejó sin escapatoria. 👀

No todo lo he vivido personalmente en la misma forma que se manifiesta en otros (no me daría tiempo a tanto en una sola vida) pero todo lo albergo en mi esencia humana. Nada que un humano haya vivido me es totalmente desconocido, como humana que soy.
Cuando alguien nombra una situación, un conflicto, puedo decir que no va conmigo, pero también puedo abrir la puerta y acercarme a ver qué de eso hay en mí. No necesariamente en mí como persona, que también puede ser, sino en mí como conciencia, como conciencia humana. Si miro como conciencia, eso me garantiza que algo voy a encontrar.

Contemplar una idea no implica sostenerla, no implica estar de acuerdo, no implica estar atrapado en ella, ni siquiera implica estarla infiriendo de una experiencia que tenga algo que ver. Contemplar una experiencia no significa estarla viviendo, sino que hay apertura a vivirla, que no hay miedo a ello, o, quizás más bien, que se está dispuesto a atravesarlo. Que se está dispuesto a ver, sea lo que sea, como parte de una unidad que nos incluye. Mirar, no desde la barrera, no desde la orilla, sino profundizar en el abismo inexplorado.

Las diferencias entre la experiencia de un humano y otro son más bien de grado que de cualidad. Por una mente cruza la idea de matar a alguien pero se queda sólo en una idea, por otra mente cruza la misma idea y se transforma en un grito, en otra mente dará lugar a una agresión física, y en otra el homicidio, o asesinato, se consumará. Parece que existe una gran diferencia entre unas situaciones y otras, y en la experiencia la hay, por supuesto, pero el germen, el origen de todas es el mismo. En ese campo común, en ese caldo de cultivo, es donde hallamos la puerta hacia la inclusión de esas realidades que aparentemente nos son desconocidas, que muchas veces nos parecen incomprensibles.

A veces nos parece, también, que por estar viviendo una polaridad ya no tenemos nada que ver con la otra. Recuperando el ejemplo anterior, nos parecerá que nosotros no tenemos nada que ver con la violencia, con ideas criminales, y mucho menos con acciones de ese tipo, en especial si en nuestro desarrollo particular hemos desempeñado más bien el papel de víctimas, o si tenemos una identidad muy vinculada a "ser civilizado". Al que ha interpretado al agresor, en cambio, le resultará extraña y lejana la debilidad de la víctima. Pero, igualmente, si miramos más allá de lo aparente, encontraremos esa parte de nosotros, ese rincón, por minúsculo que sea, donde habita lo que, en el nivel de consciencia cotidiana, nos parece imposible que pueda existir en nuestro interior.


Todo lo que existe vive, patente o latente, en nuestra psiquis.


Por eso podemos hablar de lo que nunca hemos vivido, y acompañarnos, quizás, en la vivencia, de igual a igual, porque si miramos en el fondo siempre encontraremos algo parecido. No la misma situación, nunca, no la misma forma de vivirlo, jamás. Pero seamos realistas, esto tampoco sucede en las situaciones en las que decimos "yo he pasado por lo mismo". Nunca es lo mismo, cada uno lo vive en su propio universo y eso ya lo vuelve totalmente diferente. Pero más a fondo, más hacia lo esencial, más allá de las formas, encontramos unos mismos sentimientos que cada uno ha vivido de las formas más diversas. Ahí es donde puedo encontrarme con tu dolor a través del mío, con tu alegría, con tu sorpresa, con tu impulso agresivo, con tus ideas de suicidio... Incluso con tu "ah no, yo eso no, yo eso no lo he vivido nunca". Quizás no, quizás no como experiencia personal, quizás no bajo esa característica concreta, pero si rebuscas un poco lo encontrarás, en la experiencia más insospechada, en la que parecía no tener nada que ver.

Que una persona se atreva a mirar, por ejemplo, las ideas asesinas que cruzan su cabeza, no quiere decir que se esté comportando como un asesino o que se vaya a convertir en uno. Más bien al contrario, es el que más teme mirar sus ideas el que es más probable que las lleve a cabo, que sea arrastrado por ellas. 

Dejemos un poco de espacio para esos temas no contemplados, dejémonos más espacio a nosotros mismos y a los demás, sin sacar al instante el puñal del juicio. Es valiente el que se atrave a explorar en su propia carne el conflicto humano, sea cual sea. No le pongamos al que mira la oscuridad la etiqueta de "ser oscuro", de inconsciente. No demos por hecho que porque explora el error está atrapado en él. El que se adentra en la cueva lleva luz a través de su mirada, ¡por dios!

Los humanos tenemos una extraña tendencia a "hacer fotos mentales" de todo, incluyendo a los personajes que tenemos en frente. Encasillamos a las personas según nuestro enfoque, a veces con muy pocos datos, a veces con solo una imagen. Lo hacemos con parámetros muy simples y generalizadores. Les adjudicamos el hueco que tenemos en nuestro esquema, porque si les dejamos el hueco que necesitan nos salta toda la teoría por los aires. Y "eso no, yo eso no, que yo soy muy ordenado", "Ah, no, eso yo no, que estoy iluminado". 😁

Y ojo, que no es una crítica, aunque bueno, también tendré que aceptar si me metes en ese cajón con este texto, y no podré decirte tampoco que "yo no lo haría".

Gracias por leerme, y gracias por entenderlo como lo hayas entendido. Al fin y al cabo, ya ves, te entiendo. Recordándome de nuevo tener los ojos bien abiertos, para no convertirte también en foto.

Antes de atravesar el prisma, somos la misma luz, la misma oscuridad. Eso que no tiene nombre, que se expresa en ambas, aquí.



No hay comentarios:

Publicar un comentario