6 de julio de 2017

Lo mejor que puedo dar

Lo mejor que puedo dar es lo que he sabido darme.
Lo mejor que puedo dar no es lo que creo que el otro necesita, sino simplemente lo que yo tengo, lo que me he dado a mí primero.

No se trata de mirar el mundo y ver sus preguntas para darle mis respuestas, se trata de mirarme y compartir lo que brota, sin importar a dónde llegue, en quién impacte, a qué conteste.

No tenemos control sobre lo que el otro recibe de nosotros, sólo podemos dar lo que tenemos, y ya el otro hará con ello lo que le parezca, o lo que pueda.

El mensaje más claro se vuelve opaco para una mente turbada. El mensaje más críptico, o el más espontáneo, sin intención, puede ser saboreado como exquisita enseñanza por una mente clara. Cualquier mensaje puede llegar a cualquier mente y enterrar una semilla que el mensajero desconoce.

Nadie tiene nada para otro, cada uno se cocina su mundo con lo que los demás traen, que no se parece nada a lo que quisieran traer.

Al fin, la única verdad es que no hay dos, sólo llega puro el mensaje si es hacia uno mismo. En el mundo de los dos, cada uno va a lo suyo, y esto es literal.

Si pretendes enseñar a otro, empañarás tu enseñanza, sólo eres maestro de ti mismo, porque, no lo olvides, no hay nadie más. ¿Qué puedes enseñar si aún tú mismo crees en falacias?

No hay dos, no te preocupes del mundo, pues eres tú.
Trae tu primavera y no te preocupes de cómo florece.
Nunca nació un pétalo antes de tiempo.
Nunca nació un pétalo demasiado tarde.

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