23 de mayo de 2017

Cómodos en la incomodidad. La zona de confort.

Estamos muy acostumbrados a escuchar eso de "sal de tu zona de confort". Es un argumento muy utilizado en todo el campo de la motivación, y cada vez más en las conversaciones cotidianas. Aquí vamos a desgranarlo de otro modo, reconociéndolo como uno de los muchos mecanismos que hoy en día tenemos a la disposición para "tocarnos los botones" a nosotros mismos.
(Si no comprendes esto te recomiendo que, si todavía no lo has hecho, leas estos dos artículos: 
"No me toques los botones" 
Motivación: el arte de tocarse los botones a uno mismo.)

Esta famosa "zona de confort" no es un concepto a desdeñar de buenas a primeras, de hecho si sabemos enfocarlo nos puede resultar muy útil para continuar en el reconocimiento de nuestros puntos débiles, así como de nuestros puntos ciegos. No obstante, y por la utilización que se le ha venido dando, existe el riesgo de utilizarlo simplemente, como decía, como un mecanismo de autoexplotación más.

Como explicaba en el artículo acerca de la motivación, tendemos a catalogar la motivación intrínseca como carente de valor, y aquí es donde más mella está haciendo el uso de este concepto de la zona de confort. En la mayoría de lugares en los que uno se encuentra con este término, se hace uso de él para pulsar los botones de la desvalorización. Una vez más el típico: "si no te esfuerzas, no vales", "si lo que haces te resulta cómodo y natural, eres un vago, estás en tu zona de confort."

Por el modo en el que se ha venido instalando en la mente, es un arma de doble filo. Y es muy sutil y muy complicado transmitir la diferencia que parece tan pequeña y a la vez es tan sustancial. Porque en algún sentido se podría decir que yo también animo con lo que comparto a salir de la zona de confort, y dependiendo de lo que entendamos por esto, así es. Pero al mismo tiempo habrá personas a las que les parezca que estoy defendiendo el quedarse en la zona de confort, lo que no es más que la forma más moderna de llamarle a uno vago.
Suena más bonito, más "cool", más amoroso, parece un consejo en lugar de un juicio, pero lo que subyace es lo mismo, el mismo mensaje de toda la vida: "no vales, esfuérzate, lucha, no seas holgazán". El mismo mensaje que nos rompe por dentro, que nos revive esa herida en la que nos sentimos inadecuados, insuficientes, carentes de valor, si simplemente nos permitimos ser lo que somos. ¿Qué clase de tortura es esta? ¿De verdad esto es la zona de confort?




Aquí es donde hay que expandir la sensibilidad y abrir los radares de honestidad con nosotros mismos, para darnos cuenta de que en realidad, la zona de confort, de confort no tiene nada. El mantenernos dentro de unos límites establecidos de forma convencional nos proporciona cierta seguridad aparente ante el mundo caótico que nos vende la misma versión de la realidad, pero si nos miramos auténticamente, es tan elevado el precio que tenemos que pagar para estar cómodos, es tanto el esfuerzo que hay que aplicar para sostenerlo, que francamente, la comodidad brilla por su ausencia.
Lo que ocurre es que hemos aceptado que eso es lo máximo a lo que podemos aspirar.  Al concebir el mundo como un lugar hostil, la vida como un peligro... el esfuerzo va implícito, y la civilización establece una "zona de confort" que es el "esfuerzo mínimo necesario" a mantener constantemente para conservar ciertos niveles de seguridad.

La zona de confort es un estado de esfuerzo sostenido para mantener una falsa sensación de comodidad.


Entonces, ese impulso para que salgamos de la zona de confort, ¿no es en realidad justamente la forma a través de la cual nos mantenemos en ella?

"Sal de la zona de confort" es otra versión del mismo mensaje que nos mantiene en la zona de confort: "sin esfuerzo no hay nada".

( Léelo de nuevo, por favor. )

Salir de la zona de confort sería un mensaje tremendo si la historia que nos contamos fuese real, y está ¿científicamente? demostrado que funciona dentro de esos parámetros: está de moda. Pero esta historia es lo que nos estamos cuestionando justamente.

¿De verdad alguien ha estado cómodo alguna vez en eso que llaman zona de confort? Hablo de una comodidad real, no de decir que estás cómodo, o de tener lo que socialmente se llama comodidad.

Y, por cierto, ¿has reparado en que consideramos malo algo que por otro lado decimos anhelar? ¿Por qué la "zona de confort" es algo malo? ¿Por qué este término?

¿Te das cuenta de que disfrutar de la vida está mal visto? La promesa es que si te esfuerzas disfrutarás algún día. Y ¿cuándo es ese día? ¿cuándo llega ese futuro? Cuando ese futuro llegue será presente, y si osas disfrutar serás igual de vago que ahora. No sé si me sigues... ;)


Entonces... ¿en qué quedamos? ¿La zona de confort es buena o mala? ¿Tenemos que entrar o salir de ella? Bueno, quizás lo más importante no sea esto, sino darnos cuenta de qué significa realmente para nosotros este concepto. Poder reconocer los juegos mentales que siempre se nos han escapado, la maleabilidad que presentamos para acoplarnos a ideas sin cuestionárnoslas. Observar como hemos "comprado" la máxima de que tenemos que salir de la zona de confort, simplemente porque nos pulsa los botones adecuados. Porque, como decíamos, es simplemente una actualización de las mismas ideas que nos han acompañado durante miles de años, una mentalidad basada en las mismas heridas. Si lo miras, lo verás.


Así que sí, te invito a salir de eso que llaman zona de confort, pero no para hacerte creer que eres un gandul, sino para que descubras que no lo eres. 

Te invito a que salgas de la "zona de confort", porque es demasiado incómoda. 

Y por eso no lo hago pulsando la desvalorización, ni animándote a que te esfuerces más de lo que ya te esfuerzas para mantenerte en ese sitio que dicen que es tan cómodo, sino para que ahora sí, de una vez, y con todo el derecho, encuentres la comodidad en la existencia.

De forma que, si quieres decirlo así, te invito a que te adentres en una auténtica zona de confort, que lo sea en el amplio sentido de la palabra, que sea un confort auténtico, descansado, en el que te permites ser quien eres, en el que no te pulsas los botones para intentar parecerte a algo que nunca serás. 

Te invito a que descubras la trampa, a que te regocijes al descubrir que la comodidad no es vagancia, que la naturalidad no es dejadez, que ser lo que simplemente eres no es ser mediocre, es la forma más pura de disfrutar tu plenitud.


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