17 de agosto de 2017

Eres incomprensible

Deja de intentar comprenderte, o ser comprendido.
Eres incomprensible.
Celébralo.

Eres irrepetible, no hay un grupo de otros como tú. Disfruta ese privilegio.
Estás sólo en tu unicidad, y eso es bello, esa es la soledad del universo.

No renuncies a ti mismo por un nosotros. Un nosotros es hermoso cuando todos somos cada uno, cuando todos sumamos mientras nos diluimos.
Uno, sí, y a la vez muchos.
La soledad divina.
El uno múltiple.
La compañía sin dos.

No eres un incomprendido, eres incomprensible.
No te pases la vida buscando un porqué, una definición, un "así soy". Cuando crees saberlo ya eres otro. Disfruta la incertidumbre, el conocerte de nuevo cada día para volver a olvidarte. No eres dos veces el mismo, cuando pronuncias tus rasgos ya se han diluido.
¡Qué miedo!
¡Qué libertad!

Desata las cuerdas de tu cordura.
No trates de encajar, rompe los moldes a carcajadas.

No te pido que comprendas mi locura, pero si decides alzar la tuya podemos brindar.




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6 de julio de 2017

Lo mejor que puedo dar

Lo mejor que puedo dar es lo que he sabido darme.
Lo mejor que puedo dar no es lo que creo que el otro necesita, sino simplemente lo que yo tengo, lo que me he dado a mí primero.

No se trata de mirar el mundo y ver sus preguntas para darle mis respuestas, se trata de mirarme y compartir lo que brota, sin importar a dónde llegue, en quién impacte, a qué conteste.

No tenemos control sobre lo que el otro recibe de nosotros, sólo podemos dar lo que tenemos, y ya el otro hará con ello lo que le parezca, o lo que pueda.

El mensaje más claro se vuelve opaco para una mente turbada. El mensaje más críptico, o el más espontáneo, sin intención, puede ser saboreado como exquisita enseñanza por una mente clara. Cualquier mensaje puede llegar a cualquier mente y enterrar una semilla que el mensajero desconoce.

Nadie tiene nada para otro, cada uno se cocina su mundo con lo que los demás traen, que no se parece nada a lo que quisieran traer.

Al fin, la única verdad es que no hay dos, sólo llega puro el mensaje si es hacia uno mismo. En el mundo de los dos, cada uno va a lo suyo, y esto es literal.

Si pretendes enseñar a otro, empañarás tu enseñanza, sólo eres maestro de ti mismo, porque, no lo olvides, no hay nadie más. ¿Qué puedes enseñar si aún tú mismo crees en falacias?

No hay dos, no te preocupes del mundo, pues eres tú.
Trae tu primavera y no te preocupes de cómo florece.
Nunca nació un pétalo antes de tiempo.
Nunca nació un pétalo demasiado tarde.

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29 de junio de 2017

El miedo al miedo. Creando el tiempo.

El miedo más grande que tenemos es el miedo al miedo, a ver y asumir nuestro propio miedo.

Por miedo al miedo buscamos su causa para no asumir que está aquí. Situamos la causa en el pasado, tengamos un hecho relacionado al que agarrarnos o no. Si no encontramos ninguna situación o persona a la que culpar, creemos que alguna habrá que no recordamos, en el "inconsciente". Tremendo...

La raíz del miedo no está en el pasado, está aquí, está tan aquí como yo lo estoy. Pero cuando tengo miedo del miedo, esto no lo puedo afrontar, porque no sé qué hacer con él y no quiero sentirlo.

Nuestras vidas son en realidad historias de evasión. Vivimos escapando de todo, creando el tiempo para alejarnos de nosotros mismos, de aquello que no queremos sentir.

Lo cierto es que todo está aquí. Todos los momentos están en este. La "causa" del miedo está aquí, y la "solución", por tanto, también. Reconocer esto acaba con todos los cuentos que dicen que "algún día lo superaré", o la magnífica trampa de "tengo que hacer algo para superarlo", lo que da lugar a todas las formas de terapia.

Todo está aquí. Las aparentes situaciones del pasado que utilizo como excusa o como causa para lo que hay ahora están aquí. Y los momentos futuros en los que lo solucionaré todo están aquí también.

Yo creo el tiempo a través de mi miedo, para creer que lo que está aquí en realidad no está, porque no lo soporto. Eso es el tiempo, un autoengaño, una división ficticia para separarme de aquello que temo, porque toda la realidad de golpe me parece demasiado.

Todo está aquí. Por eso "el que busca, encuentra", o más bien "el que quiere encontrar, encuentra", porque todo está aquí. La búsqueda es una maniobra para concederme una prórroga, para mantenerme en una burbuja lejos de aquello que rechazo. La búsqueda misma implica que no quiero encontrar, porque la búsqueda es mi truco para decir que "voy de camino" hacia donde ya estoy. Es una huida.

Todo está aquí. La búsqueda, los proyectos, la esperanza, el mirar al futuro son un NO, un AHORA NO, un TODAVÍA NO. Constantemente se nos está ofreciendo todo , y decimos NO.

Todo está aquí, y cuando creo que algo está en el pasado o en el futuro, cuando creo que algo no está aquí, así lo estoy determinando. Cuando digo "algún día seré feliz" o "fui tan feliz" estoy rechazando la felicidad ahora.

Todo está aquí, todo ocurre simultáneamente. La causa no puede estar en el pasado porque el tiempo no existe. Todos los instantes están en este instante.

Situamos como causa el punto más "antiguo", el primer suceso que recordamos, pero ese punto está situado sobre una línea imaginaria junto con otros puntos que parecen estar después.
El tiempo tal y como lo conocemos es como una línea, o más bien un segmento:




Situamos la causa al principio, en el primer punto del segmento, y el efecto al final, en el futuro. Y el presente, como punto intermedio, no es más que el efecto del pasado y la causa (a medias) del futuro.

Pero no hemos reparado en algo tan obvio como que ¡todos los puntos del segmento son simultáneos!

¿Cómo creemos entonces que existe un tiempo lineal, que además parece tan evidente? Lo hacemos a través de la división, separando el instante de si mismo, rechazando lo que hay y creando un instante virtual que lo sustituya. Descartamos el instante tal cual es en aras de un instante futuro que será mejor, que será diferente a este, que será como queremos. Ese juego, esa ilusión es el tiempo.

Todo está en el instante. Cuando no quiero ver una parte, estoy creando un segundo instante sin eso que rechazo y estableciendo una comparación. Creo que en algún momento habrá un instante real como ese que sueño, y eso me da una sensación de temporalidad, pero eso nunca será así porque:

Instante sólo hay uno. Los demás sólo los imagino al repetir constantemente el distanciamiento de lo único que hay. 

Cada vez que rechazo el instante, lo duplico. Cada instante separado de los otros es un intento o un deseo de cambiar lo que hay. Por eso cada segundo es una nueva esperanza y una nueva decepción. Cada segundo es la repetición de mi propia rebeldía. Cada segundo nace y muere una posibilidad.


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19 de junio de 2017

El respeto como barrera

Quién no se ha visto alguna vez, acorralado por los vaivenes de una conversación, pronunciando una frase parecida a la siguiente:


"Respeto tu opinión, pero no la comparto."

Esta es una señal de que el intercambio que acabamos de tener no ha sido satisfactorio para ninguno de los interlocutores. De hecho, es esa insatisfacción la que nos lleva a zanjar el asunto tan "educadamente". Quedamos como señores ante el otro, o eso creemos, o así está establecido en el protocolo, pero por dentro no nos quedamos tan bien, ¿verdad? Algo nos dice que hemos fracasado. Y... ¿en qué hemos fracasado, para ser concretos? En nuestro intento de convencer al otro. Por eso la charla termina cuando nos damos cuenta de que no es posible, y nos quedamos con esa sensación de haber perdido el tiempo ("no sé para qué digo nada...")

Esto nos está diciendo, a todas luces, que nuestro enfoque a la hora de comunicarnos no está siendo el adecuado. Claro que podemos convencernos de que el otro es muy testarudo, que es un ignorante... en definitiva, de que el problema no va con nosotros. Pero eso ya lo conocemos, para seguir en las mismas ya no estaríamos comentando nada.

Si nuestra única meta en la conversación es convencer al otro de nuestra postura, no nos estamos comunicando. Y si no, míralo del revés, la persona que tienes en frente sólo está hablando contigo para que cambies tu opinión por la suya. No es agradable, ¿verdad? Se nos quitan las ganas de argumentar... No obstante, este es el estilo de comunicación que predominantemente nos hemos acostumbrado a utilizar. No debería entonces extrañarnos tanto conflicto, tanta frustración, esa sensación de que en el fondo nadie nos escucha... Bueno, quizás deberíamos comenzar por preguntarnos "¿estoy escuchando yo?" Si me veo terminando mis diálogos con la frase comodín, utilizando el respeto como barrera, ya puedo darme cuenta de que no.

En realidad, ese obstáculo que parece que colocamos al final, ha estado presente desde el principio del intercambio. No hemos estado abiertos en ningún momento a la visión del otro, no le hemos escuchado más que para detectar las fallas de su discurso y atacar ahí con el "brillo de nuestra sabiduría". Es sólo al final, cuando nos hemos cansado, o cuando nos quedamos sin argumentos (ejem, ejem) cuando verbalizamos la actitud que hemos mantenido:

"Bueno, si tú lo ves así..."

"Quédate con tu opinión y yo me quedo con la mía"

"Ya veo que no te voy a convencer, pero tú a mí tampoco."

En un nivel más sutil, esto no es más que el acuerdo para no estar de acuerdo, que, si fuésemos totalmente sinceros, sonaría parecido a esto:

"Hemos llegado a un punto en el que hemos encontrado las flaquezas de nuestras visiones particulares, si seguimos adelante tendremos que soltarlas y encontrarnos más allá de ellas, en nuestra propia ignorancia; acordemos dejarlo aquí para que cada uno pueda mantenerse firme en su postura. Hagamos como que esto no ha ocurrido, hagamos como que no hemos visto que todo es mentira, respetémonos los autoengaños".

Esto en la versión light del asunto, claro, a veces simplemente nos cogemos un buen cabreo y nos amurallamos sin dar pie a nada más.

¿Esto está mal? En realidad no, nada está bien ni mal por decreto, pero yo te pregunto, ¿te es realmente útil y satisfactoria esta estrategia?
Como siempre, la respuesta puede ser muy variopinta. Desde luego que esta dinámica tiene su utilidad, precisamente la de conservar la estructura rígida que adoptamos para definirnos. Y mientras estemos aferrados a ella, este modelo, si bien no nos resulta agradable (porque por muy encasillado que uno se encuentre, agradable, lo que se dice agradable, nunca ha sido) creemos que así debe ser.

De alguna forma, el abrirse a comunicarse con el "otro" no difiere de abrirse a comunicarse con uno mismo. No puedo abrirme a comprender otras opciones si no estoy dispuesto a revisar la concepción que tengo acerca de mí mismo. Porque ése es el núcleo alrededor del cual gira la visión acerca de cualquier otra cosa. La perspectiva acerca de lo que sea me habla de cómo me veo a mí, quién creo ser para mí.
Por ello, cuando uno se abre a cuestionarse, comienza a descubrir otro mundo, y la comunicación se vuelve una herramienta excelente para ello. La visión del otro pasa a ser una fuente de riqueza. El otro puede ver lo que yo no veo, su enfoque puede enriquecer el mío.

Vamos a hacerlo sencillo. Imagina una tarta con varias porciones. Mi visión es sólo una pequeña porción de esa tarta, es un trocito, una visión parcial, limitada. Porque mi trocito de tarta lleva fresa, me creo que todo el pastel es de fresa, pero sólo lo creo, porque no lo he visto, no he visto las demás porciones. Generalizo lo que conozco y lo hago extensible a lo que no.




Pero es en la interacción con el otro que puedo ir descubriendo la tarta completa. Puede que la tarta sea de variadas frutas, o puede que también lleve chocolate, vainilla, nueces...

Si mi visión del mundo depende de que la tarta sea de fresa, porque en base a ello he construido todo mi "mundo de fresa", me va a dar pánico que alguien me diga que lleva kiwi, o avellanas. Y me da tanto miedo porque en el fondo sé que si el otro dice que lleva otra cosa es porque la lleva, porque él está saboreando su trozo, sabe que es así.

En cierto punto, puedo descubrir que el empeñarme en que la tarta es de fresa cuando otras personas refieren otro sabores, no va a hacer que sea de fresa, porque NO LO ES, igual que el señorito del "mundo de kiwi" no me puede convencer a mí de que toda la tarta lleva kiwi, porque en mi parte, la que yo he visto y probado, sólo hay fresa.




Puedo comenzar a darme cuenta de que mi perspectiva es particular, que seguir pensando que toda la tarta es de fresa y seguir tratando de convencer a otros de que lo es, mientras ellos tratan de convencerme de que es de otra cosa, no sólo es inútil, sino que nos lleva al conflicto constantemente. Además, y esta sí es una visión que lo cambia todo, puedo hallar que defender mi postura me limita, no me permite ver la realidad como es, con todos sus matices.

Si mi percepción es falsa, y yo creo que dependo de ella, esta percepción de mí también es falsa.

Cuando veo esto, puedo relajar mis límites, puedo soltar mi opinión. Y entonces ya no rechazo las de los demás, no sólo porque también son falsas, sino porque me ayudan a ver con mayor claridad la falsedad de la mía. Paso de defenderla a desmontarla.

Si mi percepción es falsa, lo mejor que puedo hacer es desmontarla por completo, en aras de no seguir creyéndome mis propias mentiras.

Podemos comunicarnos para defender nuestras opiniones, y quedarnos arrinconados en nuestra perspectiva, o podemos hacerlo para descubrir su falsedad y ampliar nuestras miras.

Puedo quedarme toda la vida con mi trocito de tarta de fresa, y comer fresa toda la vida autoconvenciéndome de que no hay otra cosa, o puedo soltar la dichosa fresa y abrirme a probar otros sabores, y así ir descubriendo que...

¡Guaaaaaau! La vida es mucho más que lo que a mí me parece.

Así, las opiniones diversas pasan a ser puntos de apoyo maravillosos para percibir de diferentes maneras. El respeto deja de ser una barrera para que no me toquen mi parcelita y pasa a ser un auténtico respeto por la genuina y única visión del otro, que ahora puede pasar a formar parte de la mía.

Respeto tu opinión, y la comparto.

No porque abandone mi postura y ahora me establezca firmemente en la tuya, sino como un punto de apoyo provisional para ver otro aspecto que me era inaccesible.

No me creo tu enfoque, como no me creo el mío, pero puedo ver como lo ves, y puedo mostrarte como yo lo veo. No para compararnos, no para ver cuál es verdad, (ya sabemos que ninguno), no para convencernos mutuamente, sino para "desconvencernos" a nosotros mismos.

La visión del otro me muestra matices que yo no veía, me descubre otro mundo que también puedo explorar, me permite comenzar a ver el puzzle del que yo, en mi mundillo de fresa, no era más que una simple pieza, inconsciente de su importancia. Por eso siempre necesitaba defenderla, por desconocimiento del valor genuino de mi pequeño mundillo, que no es mejor ni peor, que no es amenazado ni amenaza a otros, porque todos son reflejos de lo mismo, sabrosos fragmentos del pastel más variado que jamás ha existido. ;)




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23 de mayo de 2017

Cómodos en la incomodidad. La zona de confort.

Estamos muy acostumbrados a escuchar eso de "sal de tu zona de confort". Es un argumento muy utilizado en todo el campo de la motivación, y cada vez más en las conversaciones cotidianas. Aquí vamos a desgranarlo de otro modo, reconociéndolo como uno de los muchos mecanismos que hoy en día tenemos a la disposición para "tocarnos los botones" a nosotros mismos.
(Si no comprendes esto te recomiendo que, si todavía no lo has hecho, leas estos dos artículos: 
"No me toques los botones" 
Motivación: el arte de tocarse los botones a uno mismo.)

Esta famosa "zona de confort" no es un concepto a desdeñar de buenas a primeras, de hecho si sabemos enfocarlo nos puede resultar muy útil para continuar en el reconocimiento de nuestros puntos débiles, así como de nuestros puntos ciegos. No obstante, y por la utilización que se le ha venido dando, existe el riesgo de utilizarlo simplemente, como decía, como un mecanismo de autoexplotación más.

Como explicaba en el artículo acerca de la motivación, tendemos a catalogar la motivación intrínseca como carente de valor, y aquí es donde más mella está haciendo el uso de este concepto de la zona de confort. En la mayoría de lugares en los que uno se encuentra con este término, se hace uso de él para pulsar los botones de la desvalorización. Una vez más el típico: "si no te esfuerzas, no vales", "si lo que haces te resulta cómodo y natural, eres un vago, estás en tu zona de confort."

Por el modo en el que se ha venido instalando en la mente, es un arma de doble filo. Y es muy sutil y muy complicado transmitir la diferencia que parece tan pequeña y a la vez es tan sustancial. Porque en algún sentido se podría decir que yo también animo con lo que comparto a salir de la zona de confort, y dependiendo de lo que entendamos por esto, así es. Pero al mismo tiempo habrá personas a las que les parezca que estoy defendiendo el quedarse en la zona de confort, lo que no es más que la forma más moderna de llamarle a uno vago.
Suena más bonito, más "cool", más amoroso, parece un consejo en lugar de un juicio, pero lo que subyace es lo mismo, el mismo mensaje de toda la vida: "no vales, esfuérzate, lucha, no seas holgazán". El mismo mensaje que nos rompe por dentro, que nos revive esa herida en la que nos sentimos inadecuados, insuficientes, carentes de valor, si simplemente nos permitimos ser lo que somos. ¿Qué clase de tortura es esta? ¿De verdad esto es la zona de confort?




Aquí es donde hay que expandir la sensibilidad y abrir los radares de honestidad con nosotros mismos, para darnos cuenta de que en realidad, la zona de confort, de confort no tiene nada. El mantenernos dentro de unos límites establecidos de forma convencional nos proporciona cierta seguridad aparente ante el mundo caótico que nos vende la misma versión de la realidad, pero si nos miramos auténticamente, es tan elevado el precio que tenemos que pagar para estar cómodos, es tanto el esfuerzo que hay que aplicar para sostenerlo, que francamente, la comodidad brilla por su ausencia.
Lo que ocurre es que hemos aceptado que eso es lo máximo a lo que podemos aspirar.  Al concebir el mundo como un lugar hostil, la vida como un peligro... el esfuerzo va implícito, y la civilización establece una "zona de confort" que es el "esfuerzo mínimo necesario" a mantener constantemente para conservar ciertos niveles de seguridad.

La zona de confort es un estado de esfuerzo sostenido para mantener una falsa sensación de comodidad.


Entonces, ese impulso para que salgamos de la zona de confort, ¿no es en realidad justamente la forma a través de la cual nos mantenemos en ella?

"Sal de la zona de confort" es otra versión del mismo mensaje que nos mantiene en la zona de confort: "sin esfuerzo no hay nada".

( Léelo de nuevo, por favor. )

Salir de la zona de confort sería un mensaje tremendo si la historia que nos contamos fuese real, y está ¿científicamente? demostrado que funciona dentro de esos parámetros: está de moda. Pero esta historia es lo que nos estamos cuestionando justamente.

¿De verdad alguien ha estado cómodo alguna vez en eso que llaman zona de confort? Hablo de una comodidad real, no de decir que estás cómodo, o de tener lo que socialmente se llama comodidad.

Y, por cierto, ¿has reparado en que consideramos malo algo que por otro lado decimos anhelar? ¿Por qué la "zona de confort" es algo malo? ¿Por qué este término?

¿Te das cuenta de que disfrutar de la vida está mal visto? La promesa es que si te esfuerzas disfrutarás algún día. Y ¿cuándo es ese día? ¿cuándo llega ese futuro? Cuando ese futuro llegue será presente, y si osas disfrutar serás igual de vago que ahora. No sé si me sigues... ;)


Entonces... ¿en qué quedamos? ¿La zona de confort es buena o mala? ¿Tenemos que entrar o salir de ella? Bueno, quizás lo más importante no sea esto, sino darnos cuenta de qué significa realmente para nosotros este concepto. Poder reconocer los juegos mentales que siempre se nos han escapado, la maleabilidad que presentamos para acoplarnos a ideas sin cuestionárnoslas. Observar como hemos "comprado" la máxima de que tenemos que salir de la zona de confort, simplemente porque nos pulsa los botones adecuados. Porque, como decíamos, es simplemente una actualización de las mismas ideas que nos han acompañado durante miles de años, una mentalidad basada en las mismas heridas. Si lo miras, lo verás.


Así que sí, te invito a salir de eso que llaman zona de confort, pero no para hacerte creer que eres un gandul, sino para que descubras que no lo eres. 

Te invito a que salgas de la "zona de confort", porque es demasiado incómoda. 

Y por eso no lo hago pulsando la desvalorización, ni animándote a que te esfuerces más de lo que ya te esfuerzas para mantenerte en ese sitio que dicen que es tan cómodo, sino para que ahora sí, de una vez, y con todo el derecho, encuentres la comodidad en la existencia.

De forma que, si quieres decirlo así, te invito a que te adentres en una auténtica zona de confort, que lo sea en el amplio sentido de la palabra, que sea un confort auténtico, descansado, en el que te permites ser quien eres, en el que no te pulsas los botones para intentar parecerte a algo que nunca serás. 

Te invito a que descubras la trampa, a que te regocijes al descubrir que la comodidad no es vagancia, que la naturalidad no es dejadez, que ser lo que simplemente eres no es ser mediocre, es la forma más pura de disfrutar tu plenitud.


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